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Amores tóxicos: un ensayo sobre las relaciones, la infidelidad y la autodestrucción

En su último libro, Fabio Lacolla trata de explicarnos por qué a veces el amor es tan adictivo. Un acompañante terapéutico y no un libro de autoayuda, estas "reflexiones sobre el uso indebido del amor" escritas con humor ayudan a comprender manías y errores a la hora de querer

fabio lacolla

Fabio Lacolla tiene su consultorio, donde atiende sesiones de terapia de grupo y pacientes psicodependientes, en Caballito. Sin embargo, bien podría haber escrito “Amores Tóxicos: reflexiones sobre el uso indebido del amor” en Londres. Y es que el amor es así de adictivo en todo el mundo, y trae consigo problemas y felicidades.

En una especie de atlas de amores fallidos, este psicólogo, músico y escritor nos invita a sentirnos identificados con los personajes y asistir al consultorio más cercano antes de volver a caer en las garras del enamoramiento con la persona equivocada.

En una entrevista con Nexofin, Lacolla contó qué le espera al futuro del amor, la infidelidad y el rol de las redes sociales en las nuevas relaciones.

¿Cómo abordaste este libro sobre un tema tan grande como el amor?

Me parece que este libro se empieza a escribir desde el primer amor, porque cuando uno atraviesa los primeros amores, los primeros besos, uno siempre reflexiona, sobre todo cuando eso terminó. Inclusive uno se pregunta por qué esa persona se enamoró de uno, qué nos vió. Hay que ser muy narcisista para no preguntártelo.

Además lo pensé con humor, porque siempre digo que el humor es un recurso de amparo. Yo me amparo en el humor para decir cosas que no se animaría a decir de otra manera. Busqué además que fuera un libro con una terminología accesible, porque para mi la psicología es para todo el mundo, y no para los intelectuales o los que se analizan; a mi me parece que la psicología tendría que ser popular, y me parece que uno tiene que transformar el saber científico en saber social. El libro apunta a que cada uno pueda hacer su propia interpretación de esas ideas o reflexiones, y no sienta que estoy hablando desde un lugar soberbio.

¿Cómo definirías un amor tóxico?

Es el amor que hace daño, y uno lo sabe, y que aún así no podes dejar de permanecer en ese vínculo.

Para salir del amor tóxico, decís que uno tiene que saldar una “deuda emocional”. ¿Cómo funciona eso?

amores-toxicos

Una deuda emocional es una deuda con uno mismo. Un amor tóxico hace daño con consentimiento, y eso es algo que falla en vos, porque como toda adicción, viene a tapar un agujero. Cualquier sustancia que vos consumas es un tapón. Adicto quiere decir “no dicho”: el que no puede hablar tapa lo que no puede decir a través de una sustancia. Una deuda emocional es eso: “¿Qué me pasó que no puedo poner un límite en la relación, decir que no, ser digno y abandonar eso que me hace mal, sabiendo la consecuencia?”. Uno puede emborracharse sin saber que después vas a vomitar, pero a la tercera vez que te pasó, y te duele la cabeza, y no te acordas de qué pasó, vos ya sabés lo que va a pasar. Si volvés a caer en eso, ya no es un problema del otro: es un problema tuyo. Ahí hay una deuda con vos mismo. 

Imaginate que estás en la barra, la birra te ve y se va, y no la podés tomar. Si no resolviste esa compulsión a consumir aquello que te daña, vas a salir a buscar otra.

En “Amores tóxicos” hablás de cómo los jóvenes podemos cambiar la forma en que se percibe la infidelidad. ¿Vos pensas que ese cambio está pasando o va a pasar?

Yo creo que de acá a 20 años la infidelidad no va a ser un problema. Esa me parece la mejor manera de combatirla: no tenerla en cuenta. Siento que muchos jóvenes le dicen a las generaciones previas que ese no es su problema. Los jóvenes de hoy no tienen ese rollo. Muchos sí, claro, porque con la infidelidad está todo bien hasta que te toca a vos. Pero hay muchos nativos ya de esta idea de “vos estas conmigo, pero podes estar con otra persona y eso no me hace pensar que me dejaste de querer, sino que simplemente tuviste ganas de estar con alguien. Eso no modifica tu sentimiento conmigo, porque nos queremos y me puedo relajar”.

Creo que falta todavía, pero ya se empieza a naturalizar también en las parejas de muchos años de estar juntos, que se liberan del tema de la monogamia o la infidelidad. Dicen: “¿Hace cuanto estamos juntos? ¿25 años? Vos me queres y yo te quiero, y si vos te tiras una cañita al aire eso no va a hacer tambalear 25 años de buena onda”.

¿Hay una relajación de la “etiqueta” en la pareja?

Seguro. La amistad le ha ganado terreno en la pareja. Antes, para darse un beso había que ser novios, o por lo menos tenía que haber un condimento romántico que habilite ese beso. Hoy por hoy es más desafectado, por lo menos en el contexto de la noche, ni para la mujer ni para el hombre. Hoy por hoy, el beso no tiene una implicancia. El cuerpo se sociabilizó.

Hablando de las separaciones, decis que “no hay ruptura infeliz”. ¿Siempre es bueno para los dos?

Si, primero para el que abandona, porque lo más sano es abandonar. El otro va a tardar más en caer, le va a costar más.Pero a la larga toda separación es feliz, porque lo infeliz es estar en un vínculo que te hace mal, que no te da lo que vos esperás. A eso apunta el libro: hay personas que deciden permanecer en la infelicidad por miedo al futuro. Prefieren sentirse ninguneados, no sentirse deseados, quedarse en el vínculo a pesar del dolor. A la larga, toda separación es para bien. Como la soledad. La soledad es la pretemporada del amor, porque uno se tiene que preparar. Vos no podes aprender a amar estado enamorado, porque es un quilombo. Ese error se comete con el primer amor. Vos aprendes a amar estando a amar estando enamorado, después te corrés, y ahí entendes un poco. Después te metes con alguien que paga los platos rotos, y tal vez la tercera es la vencida

¿Qué pasa entonces con la gente que salta de vínculo en vínculo, o que no sabe aprovechar ese espacio de soledad?

Es gente que no aprendió a estar sola, a la que no le dieron las herramientas para pensar la soledad. Es un acercamiento al amor muy infantil, porque necesita estar siempre con alguien que vigile, que te dé determinado sostén. Son personas que piensan que la soledad es desamparo, abandono, muerte. Suelen pagar cualquier precio con tal de no estar solos. Como dice Silvio Rodríguez: “Los amores cobardes no llegan a historias”.

Ahí juega además la contraparte. Si yo advierto que el otro va por la vida boyando de corazón en corazón, y me doy cuenta que solo quiere estar conmigo porque se quiere salvar, soy  yo tengo que marcar el límite y decir: “Primero enamorate de vos, después vení y enamorate de mi”. Porque si vos no te bancas enamorarte de vos, porque cuando te quedas solo lo que ves no te gusta, no me uses de salvavidas de tu desamor. Si uno no se ama, es muy difícil enamorarse de otra persona. Esto parece de autoayuda, pero es casi matemático. El consejo sería: visite a un psicólogo antes de enamorarse.

¿Es real el mito de la “media naranja”, la persona destinada a estar con uno?

Lo que hay es un cajón de naranjas. La media naranja es una metáfora triste, porque está diciendo que uno no es una persona completa, es alguien cortado al medio, y sólo va a encontrar la completud con otro.

Es cierto que somos personas barradas, que nadie es completo. Y también es cierto que sentirse completo es una desgracia porque a la persona completa se le acaba el deseo. La complementariedad existe, pero eso no quiere decir que haya una totalidad. Las parejas que funcionan son las que se complementan: dos personalidades dominantes se matan, y dos personalidades depresivas hacen que se maten los que están alrededor. No hay nada mas triste que una pareja depresiva.

¿Qué consejo le darías a alguien que está buscando el amor?

Abstenerse de la búsqueda.

Tinder, Ok Cupid, Happn, ¿consideras que sirven para encontrar pareja?

Sirven para un encuentro casual. Cuando dos personas se conocen a través de estas aplicaciones, puede que ninguno sea de usarlas y estén probando, pero el mito fundante del vínculo sigue siendo Tinder. Seduce mucho más el hombre que te mira a los ojos y te invita a salir.

Lo que sí es cierto es que los círculos sociales se achicaron en la realidad y se agrandaron en la virtualidad. Entonces uno recurre a estas cosas: es más fácil, más rápido, más barato, uno se siente menos expuesto, se puede mentir un poco más.

 

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