Política

Ni peronista ni radical: el joven asesinado en Jujuy buscaba trabajo, no hacer política

Su padre había muerto hace unos meses y quería terminar el secundario para ingresar en el ingenio azucarero de Ledesma. Por eso se acercó a Milagro Sala y luego a la UCR, con la esperanza de un empleo

Jorge Ariel Velázquez

Jorge Ariel Velásquez, el chico de 22 años asesinado de un balazo por la espalda, no tenía, a pesar de estar afiliado al partido radical, ninguna ideología.

Según confirmó su madre, María Jurado, a Clarín, Ariel se había acercado al colegio del Movimiento Tupac Amaru para terminar el secundario y así poder aspirar a un trabajo como el que había tenido su padre en el ingenio de Ledesma. “Era la primera vez que se metía en la política porque se entusiasmaba con la posibilidad de tener un trabajo”.

Los fines de semana, la mujer va casa por casa vendiendo tamales que prepara los jueves. Hace tres fines de semana que esa rutina se interrumpió por la muerte de su hijo.

El senador Gerardo Morales, candidato a gobernador de Jujuy por un frente opositor, de inmediato tildó el caso como un hecho de violencia política y responsabilizó a la agrupación de la kirchnerista Milagro Sala. Esta organización respondió mostrando una dudosa ficha de afiliación del joven a su partido político. Hasta Cristina Kirchner lo mencionó en cadena nacional, y a Ariel eso le habría importado poco: como miles de jóvenes jujeños que se acercan a la política, solo la veía como un vehículo para conseguir un trabajo.

“Mi hijo era un muchacho sano. No tenía ningún vicio ni llegaba borracho. Avisaba cuando se iba al baile”, dice María, rodeada de sus hermanos Barbarita, Silvia y Emilio. Ariel venía de una familia numerosa que se había quedado sin cabeza después de que el padre, Andrés Velásquez, falleciera meses atrás por una afección pulmonar.

María comenzó a cobrar la pensión que le corresponde por su marido, unos 2.700 pesos que la obligaron a renunciar a una ayuda algo mayor, de 3.200 pesos, que recibía por ser madre de siete hijos.

Como su padre y su abuelo, Ariel habría querido trabajar en alguno de los ingenios de esta región azucarera. Llenó papeles para La Esperanza y averiguó que en Ledesma se precisaba el “secundario completo” para poder ingresar. Por eso se anotó en el colegio Germán Abdala de la Tupac Amaru, que le entregaría título en solo tres años.

En busca de un rebusque, también se anotó sin fortuna en las “capacitaciones” en oficios subsidiadas por el Gobierno nacional. Y dejó incompleta una solicitud para el programa Progresar (ver fácsimil).

En marzo pasado, junto a varios integrantes de su familia y debido al fuerte vínculo de algunas tías políticas con el radicalismo, se decidió a militar en la UCR local, que intenta quebrar muchos años de hegemonía peronista. Una semana antes de las PASO, junto a su hermano Manuel y su cuñada Silvia Vázquez, se ocupó para poner una mesa sobre Avenida Libertador, a dos cuadras de la casa familiar, para hacer proselitismo.

Una versión dice que allí, el viernes 7, fueron insultados por un grupo de “tupaqueros” que pasó por el lugar, aunque nada de esto queda demasiado claro. Ese día Ariel se fue a las siete con rumbo desconocido. Pasada la medianoche, Manuel oyó un disparo y salió de su casa al escuchar los gritos: era su hermano menor, desocupado y herido de muerte, el que pedía auxilio.

Fuente: Clarín

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