Inundaciones

La siembra directa no tiene la culpa: por qué se equivocan Aníbal F. y Durañona

Mientras Daniel Scioli culpa al calentamiento global de las inundaciones en provincia, Aníba Fernández y el intendente Francisco Durañona buscan la culpa entre los cultivos de soja, y la técnica de "siembra directa". ¿Cuál es la verdad?

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Mientras el gobierno trata de echarle la culpa al calentamiento idustrial, los countries y los sojaleros, la provincia de Buenos Aires sigue inundándose, sin que se hagan las obras necesarias.

Al respecto, Héctor A. Huergo, ingeniero agrónomo, escribió para Clarín una desmentida sobre los rumores que señalaban a la “siembra directa” como el culpable (al menos parcial) de las inundaciones.

“La siembra directa es un sistema que ha revolucionado la agricultura. Consiste en implantar los cultivos sin laboreo de los suelos. No es un invento argentino, pero es en estas pampas donde más ha evolucionado”, explica Huego.

Con cada nuevo “invento” o técnica que la agricultura implementa, los suelos pierden su materia orgánica, que se descompone rápidamente en contacto con el oxígeno del aire: “La materia orgánica cumple un papel de aglutinante de las partículas, dejando espacio para que circule el agua, y es alimento de millones de organismos que ayudan a los cultivos”, agrega.

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“La falta de materia orgánica desorganiza los suelos, los convierte en inertes. Cuando llueve el agua no penetra, ‘se planchan’. Se acumula menos humedad en profundidad, lo que somete a los cultivos a stress hídrico. Y el escurrimiento superficial arrastra suelo generando graves problemas de erosión. E inundaciones ominosas y repentinas muy recordadas, como las de Cañada de Gómez, o el arrastre del terraplén del ferrocarril en Los Surgentes (Córdoba), un clásico de la agronomía”.

Huergo no sólo no culpabiliza a este tipo de sembrados de las inudaciones recurrentes en provincia, sino que alaba este método.

“Todo eso ocurría en nuestras pampas, hasta que llegó la solución de la siembra directa. Desapareció la remoción del suelo. Ahora se implanta el cultivo directamente sobre el residuo del anterior. Aquí se decretó el acta de defunción del viejo arado, que le prestó grandes beneficios a la humanidad, pero a costa de la vida del suelo. Se frenó en gran medida la erosión hídrica y eólica. Los suelos sin materia orgánica ‘se volaban’, convirtiéndose en médanos. Muchos de ellos hoy se han recuperado para la producción agropecuaria”.

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“Se ahorran millones de litros de combustible, porque ahora en lugar de laborear cuatro o cinco veces, se siembra en una sola pasada. Se requiere mucho menos capital. Los tractores ya no tienen que ser tan potentes, porque sembrar es una tarea más ‘liviana’. Solo se abre un surquito en lugar de dar vuelta toda la tierra”, asegura.

“Al mantenerse en suelo cubierto, se evita el efecto del impacto de la gota de agua. Es donde arranca el planchazo y luego el escurrimiento superficial. El rastrojo del cultivo anterior es el principal aliado del cultivo siguiente. El agua percola suavemente. Si la lluvia es torrencial, el rastrojo actúa como freno, dando tiempo a que penetre”.

“La siembra directa no agrega riesgos a la vida en las llanuras, sino que los previene y, ante fenómenos extremos como los actuales, los atenúa. Y permitió triplicar la producción en sus tres décadas de vida. Esto significó ingresos por 65.000 millones de dólares sólo por las famosas retenciones aplicadas durante la década ganada. Nada de eso volvió al agro, que adolece de falta de rutas, caminos y ahora sufre la inundación”.

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Por último, Huergo explica que los políticos saben esto, pero prefieren mirar para otro lado antes que hacerse cargo de sus falencias: “Todos los organismos de investigación, públicos (INTA, Universidades) y privados (Aapresid, CREA) cuentan con profusa documentación que avala estos beneficios. No hay evidencia científica alguna que avale los dichos del intentendente kirchnerista Francisco Durañona, de San Antonio de Areco, o del mismísimo jefe de Gabinete y hoy candidato a gobernador de la provincia inundada, Aníbal Fernández, sosteniendo que hay responsabilidad de la SD. La responsabilidad hay que buscarla en la falta de prevención, que a esta altura no es ignorancia, sino necedad”.

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