Entrevistas

“La vas a leer rápido y la vas a pasar bien”: la promesa del último libro de Daniel Riera

Daniel Riera habló con Nexofin de su última novela corta, "La menor", de su forma de escribir, de la tecnología que nos aprieta por todos lados, de su rol en la convocatoria de #NiUnaMenos y de la frialdad de las redes sociales en un mundo que tiene tanto por lo que calentarse

daniel riera

Daniel Riera no le escapa a nada: escritor, periodista, editor, director de documentales, ventrílocuo y uno de los convocantes a la marcha del 3 de junio con la consigna #NiUnaMenos.  Todo lo hace con un nivel de compromiso que a veces se da por sentado o por extinto en una sociedad de multimedios que pendulan entre intereses varios.

En “La menor” -editado por Galerna- el multifacético periodista cuenta la historia de un escritor que, para llegar a pagar el alquiler, crea una descabellada historia en capítulos de caracteres limitados donde dos hombres, una mujer y una beba con poderes salvan al mundo de ser dominado por los omnipresentes y contaminantes celulares.

¿Pensás que sería posible crear, como en la historia, una novela que se venda para celulares?

Sí. Hoy se puede hacer cualquier cosa, digamos, pero de ahí a que uno crea que está haciendo algo bueno hay un trecho. Lo bueno del protagonista escritor de la novela es que es muy franco: a él le habían ofrecido las historietas de los chicles y las frases de los chocolates Dos Corazones (que uno no lo piensa pero hay un escritor detrás de eso), pero él descarta esas opciones y sigue necesitando la plata, y le saca un poco el aura al oficio de escritor

¿Vos cómo te definirías: escritor, editor o periodista?

¿Hay que elegir? Escritor engloba a todas las cosas que hago. Pienso más en la escritura que en la literatura, porque es una idea un poco abrumadora. Si pensamos en escribir como un oficio, le sacamos ese aura atroz, podemos ser más felices haciendo lo que hacemos.

¿Cómo presentarías a “La menor”?

¿Un slogan? La vas a leer rápido y la vas a pasar bien, podría ser. Me parece que es un libro con una influencia fuerte del cómic, con referencias claras al Eternauta, incluso citas textuales, como: “Somos Robinsones en medio de un océano de muerte…”, que el que leyó el cómic entendió. También está esta pregunta constante de si son los únicos sobrevivientes, si van a salir al espacio “exterior”, pero a la vez hay un tono mucho menos dramático, mucho más lúdico.

¿Creés que, como el protagonista, los escritores son capaces de “vender el alma” por plata o una idea política?

Yo creo que sí, uno puede vender el alma porque necesita la plata, pero, en general el alma se vende más cuando se disfraza de ser impoluto, cuando carecés de ideas políticas. La simulación de asepsia es la peor forma de ideología.

El “periodismo militante” está muy mal visto y yo no entiendo cómo puede no ser militante: podés ser no partidario, pero defendés causas. Con un grupo de periodistas nos juntamos para hacer la convocatoria de Ni Una Menos, y eso es periodismo militante. Tenemos maneras de ver la vida diferentes, votamos a distintas personas, pero confluimos en esto.

La convocatoria a la marcha se hizo principalmente a través de las redes sociales: ¿Cuál es tu opinión de la brevedad que tiene todo hoy en día, del micro blogging?

Yo no tengo Twitter, y me niego a tenerlo, porque me parece que a menudo es un lugar donde mucha gente dice boludeces (sic) con pretensión de ingenio, donde prevalece el talento del creativo publicitario, y sin embargo, #NiUnaMenos es un hecho que parece desmentirme.

Uno puede decir que es una convocatoria por un problema real, importante, que excede a Twitter y que tiene antecedentes en la historia, el más reciente siendo la maratón de lectura contra el femicidio que hicimos en la Biblioteca Nacional, en la plaza Boris Spivacow. Twitter es en este caso un vehículo importante, pero admito que me repele un poco

Incluso choca mucho en las redes que ciertos personajes, como Tinelli, convoquen a la marcha.

Cada uno puede adherir a lo que le parece. Esta es una convocatoria transversal sobre un problema muy serio, y los que lo armamos tenemos intereses muy claros. En el caso de los funcionarios y dirigentes políticos, les pedimos que, si se sacaban una foto con el cartelito, estuviesen dispuestos a cumplir con una serie de reclamos incluidos.

Que los 24 ministros de educación de las 24 provincias se hayan sacado la foto, cuando lo que se reclama es la reglamentación de la ley de Violencia de Género en todos sus puntos, incluyendo la educación sobre temas de género desde la escuela primaria, muestra un efecto concreto. Después, si hay un boludo que se quiere sacar una foto con un cartelito, no me parece que sea un problema: lo que haga Tinelli me tiene sin cuidado.

¿Cual es tu opinión real sobre los celulares, que en el libro funcionan como el “antagonista”, el poder al estilo Gran Hermano?

Creo que los celulares son cada vez más poderosos. Eso da un poco de miedo si sos un poco fóbico y si sos escritor. Uno tiende a pensarlo como una presencia ominosa, tal vez no porque lo sea sino porque es bueno en términos literarios. Hay una ironía sobre un poder que realmente existe.

En lo personal soy moderadamente fóbico. Creo que los celulares nos llevan a una vida cada vez más alienada que a mí me obligó a desactivarle aplicaciones. No dejé de tenerlo, pero silencio los grupos y una vez por semana me fijo a ver si alguien me quería regalar un millón de dólares.

En la creación de los personajes de “papá soñador” y “papá contador”, protagonistas de la historia dentro de la historia: ¿hay una estigmatización del contador como el aburrido?

No, al contrario, creo que soñador y contador son complementarios: los dos se necesitan y se aprecian. Uno tiene su proyecto y lo lleva adelante con el otro que lo pone en caja, y a la chica le terminan gustando los dos. Ninguno es estigmatizado en la novela. De hecho, por cuestiones económicas, me parece que el soñador tiene que escuchar más al contador en mi vida.

Pero en general me parece que son muñequitos esquemáticos que fueron surgiendo sin mucha reflexión, mientras escribía, y está bueno que lograran esa complementariedad. Yo estuve miles de veces en proyectos de  revistas donde se piensa cómo va a ser la tapa, la grafía, a quiénes se va a entrevistar y uno sale con que hay que conseguir alguien que venda avisos. Generalmente son cosas que los periodistas dejan para el final y por eso los proyectos quedan rengos. Creo que en “La menor” hay una vindicación del contador, tan injustamente menospreciado.

¿Sentís que la postura del absurdo, el reírse de todo, te acompaña desde tu aporte en la creación de la Revista Barcelona, aunque ya no trabajes ahí?

Barcelona es un medio liberador. Creo que si escribís y no estás dispuesto a reírte de todo podés tener un problema. El lugar del indignado, por ejemplo, es muy típico de las redes sociales: hay un efecto “qué barbaridad” para el que todo vale lo mismo. Una pavada que dice un dirigente por televisión y el fusilamiento de mil personas son igualadas, se les dedica la misma cantidad de líneas, de espacio, de debate. Las redes sociales tienen ese defecto: mucha gente se piensa que ahí está haciendo algo importante, que en ese micromundo se define una cantidad de cosas cuando, en realidad, se define mucho más afuera.

¿Cuál es tu próximo proyecto?

Me quiero ir a los tres países desconocidos de América del Sur (uno de los cuales ni siquiera es un país): Guyana, Surinam y la Guayana Francesa, de alguna manera para terminar el viaje que hice para “De Buenos Aires a Tijuana”, porque por esos países no pasé. Pero como escritor uno tiene que pensar a quién vendérselo, quien va a “bancar” el viaje.

Leer más: De Buenos Aires a Tijuana, en un viaje por tierra: “Vi desigualdad en términos de vida o muerte”

¿Te han señalado la supuesta influencia de César Aira en tu novela?

Me han preguntado por Aira. Lo que pasa es que es un escritor al que le han dado permiso para imaginar, y permiso es una limitación para todos los demás. Cuando alguien escribe algo donde pasan cosas raras enseguida remite a Aira.

La diferencia es que sus libros no terminan, se van a la mierda (sic), y eso forma parte de su proyecto literario, mientras que “La menor” es más controlada en su final, más redondita.

Lo mejor que tiene Aira es la invitación a imaginar, la alegría de escribir. Escribir es un estallido de libertad: podemos escribir lo que se nos cante sobre lo que se nos cante. Enhorabuena si por eso se la relaciona, pero cuidado: no vaya a ser cosa que cada vez que alguien escriba algo que no es “realista” se lo relacione con él.

la menor

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