Salud

Hipertensión arterial: la amenaza silenciosa al corazón

Expertos alertan sobre el consumo excesivo de sal y los riesgos del aumento de enfermedades cardiovasculares; en la Argentina una de cada tres personas es hipertensa y el 37% de la población lo desconoce

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Por cada gramo de sal que se reduce en el consumo diario se evita por año la muerte de 2000 personas.

Con este importante dato relacionado a la ingesta de sodio – alimento determinante en elevar la presión sanguínea-, diferentes asociaciones médicas de la Argentina y el exterior buscan alertar sobre el riesgo de padecer hipertensión arterial, mientras hoy celebran su día mundial para concientizar acerca de esta problemática.

Y es que las alertas médicas se disparan al conocerse que en el mundo las enfermedades cardiovasculares son responsables de unas 17 millones de muertes por año, casi un tercio del total.

Entre ellas, las complicaciones de la hipertensión arterial provocan anualmente 9,4 millones de muertes, según un estudio global publicado recientemente por la New England Journal of Medicine.De ese total, el 45% de las mismas son por cardiopatías y el 51% por accidente cerebrovascular. Asimismo, la enfermedad ya afecta a mil millones de personas en el mundo (40% de los adultos mayores de 25 años).

En la Argentina una de cada tres personas es hipertensa y el 37% de la población lo desconoce, de acuerdo con el estudio ‘Renata’ realizado por la Sociedad Argentina de Cardiología (SAC), que busca tomar conciencia sobre este mal, que en el país duplica el riesgo de padecer infarto de miocardio en los hombres y lo triplica en las mujeres, según lo han demostrado estudios epidemiológicos como el ‘Fricas’ (Factores de Riesgo Coronario en América del Sur).

DIRECTO AL CORAZÓN

La Hipertensión Arterial (HTA) es uno de los principales factores de riesgo de enfermedad cardiovascular y uno de los más importantes de enfermedad coronaria, insuficiencia cardíaca, renal, entre otras.

Los expertos advierten que su prevalencia se ha incrementado debido al aumento de la población, a su mayor expectativa de vida y malos hábitos alimenticios, tales como la dieta insana, el uso excesivo de alcohol, el sedentarismo, el sobrepeso y el estrés.

“Existen factores relacionados con la herencia, el sexo, la edad y la raza, poco modificables, que pueden incidir en su desarrollo. Además de otros modificables en los hábitos de vida, el ambiente, y las costumbres, como la obesidad, el sedentarismo, el consumo excesivo de alcohol y sal, entre otros”, afirmó a LA NACION el doctor Diego Manente, miembro de la Fundación Cardiológica Argentina.

“Mucha gente tiene la presión arterial elevada (>140/90 mmHg) durante años sin saberlo. El diagnóstico se puede realizar a través de los antecedentes familiares y personales, una exploración física y otras pruebas complementarias”, alertó.

Y agregó: “En la mayoría de los casos la hipertensión no puede curarse, pero puede controlarse. Debe seguirse un tratamiento regular de por vida para bajar la presión y mantenerla en valores óptimos. La medicación es sólo parte del tratamiento de la HTA, por eso es tan importante llevar adelante un estilo de vida que involucre el cambio de ciertos hábitos por otros más saludables”.

INGESTA RECOMENDABLE

Según datos oficiales, los argentinos consumen casi 12 gramos de sal por día, cuando lo recomendable por la Organización Mundial de la Salud (OMS) es de 4 a 6. La Encuesta Nacional de Factores de Riesgo, efectuada en el año 2013, determinó que el 93% de la población adulta se controló la presión arterial al menos una vez en los últimos dos años, y de estos el 34% presentó HTA.

Por su parte, el Registro Nacional de Hipertensión Arterial observó una prevalencia de HTA del 33,5%, siendo mayor en hombres que en mujeres (41,7% y 25,7% respectivamente). Además de un aumento con la edad (yendo del 11,1% en mayores de 35 años al 68,5% en menores de 65); el 37,2% desconoce su enfermedad (44,66% hombres y 25,9% mujeres). De las personas hipertensas, el 56,2% se encontraban bajo tratamiento pero sólo el 26,5% de ellos estaban bien controlados (19,8% hombres y 36,8% mujeres).

“La mayoría del sodio que se consume proviene de los alimentos procesados o industrializados, donde los consumidores no suelen tener conocimiento de las cantidades. En nuestro país, entre el 65% y el 70% de la sal consumida proviene de dichos alimentos”, explicó el doctor Claudio Majul, director del Consejo de Hipertensión Arterial de la SAC.

“Debemos estar atentos a la cantidad de sodio que indican las etiquetas de los alimentos y bebidas, ya que estos valores sumados a la sal que se agrega al ser consumidos [se estima que el 17,3% de la población agrega siempre sal luego de la cocción], puede superar los niveles saludables indicados por la OMS.

En el 2013 se sancionó en nuestro país la ley 26.905 que implementa, entre otros puntos, la reducción del consumo de sal en alimentos procesados y promueve la eliminación de los saleros en las mesas de los locales gastronómicos. Así, este año el Ministerio de Salud de la Nación firmó un convenio con la Asociación de Supermercados Unidos, para reducir el sodio en el pan elaborado.

La iniciativa nacional tuvo un buen antecedente. El Ministerio de Salud de la provincia de Buenos Aires puso en marcha hace seis años, por iniciativa del entonces ministro Claudio Zin y el doctor Guillermo Capuya, el programa provincial de hipertensión arterial llamado Sal de la Mesa, que incluye entre varios puntos, eliminar los saleros de las mesas de los restaurantes y un acuerdo con los sindicatos de panaderos para la elaboración de productos con bajo contenido en sodio. También incluyó la producción pública de medicamentos antihipertensivos y la puesta en marcha de un registro de pacientes.

“La mitad de los adultos que padece HTA, no lo sabe”, precisó el doctor Rafael Díaz, director deECLA (Estudios Clínicos Latinoamérica) y director del departamento de cardiología del Instituto Cardiovascular de Rosario.

“Uno de cada dos argentinos adultos (entre 35 y 60 años) sufre hipertensión y la mitad de ellos tampoco lo sabe. Y las cifras se complejizan al saber que la HTA está presente en el 80 por ciento de las muertes por causa cardiovascular. La mejor indicación para la gente es decirles que no le agreguen sal a la que la comida ya trae. Eliminar el salero de la mesa es una muy buena conducta y un muy buen mensaje”, deslizó.

EL SODIO EN NUESTRA DIETA

El sodio es un elemento que el hombre necesita para funcionar correctamente. El cuerpo utiliza el sodio para controlar la presión arterial y el volumen sanguíneo. También necesita sodio para que los músculos y los nervios funcionen apropiadamente.

“El sodio se presenta de manera natural en la mayoría de los alimentos como cloruro de sodio. Las remolachas y el apio contienen este mineral al igual que el agua potable aunque la cantidad depende de su fuente”, explicó la licenciada en nutrición Viviana Desanzo, del Centro Terapéutico Dr. Máximo Ravenna.

“Pero el sodio también se añade a muchos productos alimenticios, y algunas de sus formas son: glutamato monosódico (GMS), nitrito de sodio, sacarina de sodio, polvo para hornear (bicarbonato de sodio) y benzoato de sodio. Éstos se encuentran en artículos como la salsa de soya (soja), la sal de cebolla, la sal de ajo y los cubos de caldo concentrado”, agregó la experta.

Las comidas rápidas, carnes procesadas, como la panceta, los embutidos y el jamón, al igual que las sopas y verduras enlatadas, también contienen sodio agregado. “Los adultos sanos deben limitar la ingesta de sodio a 2,300 mg por día y los que sufran de HTA no deben consumir más de 1,500 mg por día. Las personas con insuficiencia cardíaca congestiva, cirrosis hepática y nefropatía deben bajar su consumo. “Un gramo de sal equivale a un blíster de aspirina lleno. Lo ideal sería no superar esos 3 blisters de sal al día”, precisó.

También advirtió que es importante acostumbrar al organismo a consumir moderadas cantidades de sal y, de ser posible, no agregarla a las comidas ya elaboradas. Es bueno reemplazar esta falta de sabor con condimentos aromáticos (orégano, perejil, tomillo, albahaca, pimienta, etc.) y jugo de limón.

HIPERENSIÓN Y OBESIDAD

Las estadísticas indican que en el 90% de los pacientes hipertensos tienen sobrepeso. “El sobrepeso y la obesidad están originados entre otras cosas en el aumento de la insulina, hormona que mantiene normal los niveles de azúcar en la sangre”, indicó la doctora María Alejandra Rodríguez Zía, médica endocrinóloga.

“La insulina elevada tiene un efecto sobre el riñón dañino y produce acumulación de sodio. Por otro lado, encontramos aumento del cortisol, hormona del estrés, como consecuencia de los hábitos de vida. Estos dos mecanismos son los que conducen a la directa unión entre obesidad e hipertensión”, precisó.

Así, la dieta del hipertenso debe conducir a una normalización de la insulina y el cortisol y, para lograrlo, es fundamental poder eliminar los hidratos (papa, azúcar, harina blanca, avena, arroz blanco, etc.) e incorporar elementos como verduras de hojas verdes crudas: lechuga, espinaca, repollo, rúcula, radicheta, acelga; frutos secos: nueces, almendras, pistachos, castañas de cajú, avellanas, maníes; verduras y frutas rojas: zanahoria, morrón, zapallo, remolacha, rabanito.

RECOMENDACIONES PARA PACIENTES CON HIPERTENSIÓN

 

  • Reducir el peso corporal, si tiene sobrepeso
  • Reducir el consumo de sal a 4-6 gramos al día; consumir menos productos preparados, en conserva, y evitar emplear sal en la preparación de los alimentos y remplazarlo por especias y hierbas aromáticas
  • Reducir la ingesta de alcohol y café
  • Realizar ejercicio físico de moderada intensidad durante 30 a 45 minutos, al menos 3 veces por semana
  • Abandonar el hábito de fumar

 

Fuente: La Nación

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