Superclásico

Otro día negro para el fútbol: suspendieron el Superclásico por una agresión al plantel de River

Debía ser una fiesta, pero terminó siendo una vergüenza. Ambos equipos igualaban 0 a 0 en el partido de vuelta de los octavos de final de la Libertadores. El conjunto visitante era más, pero no puede continuar porque le tiraron gas pimienta a varios de sus jugadores

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El superclásico tan esperado para definir un lugar en la Copa Libertadores se transformó en un bochorno con vuelo internacional, cuando en el entretiempo al menos cinco futbolistas de River Plate sufrieron quemaduras en piel, dijeron haber sentido ceguera temporal y ardor en sus ojos, alcanzados supuestamente por rocío irritante, como el gas pimienta.

El hecho ocurrió en el entretiempo cuando los futbolistas salían por la manga para inicial el segundo período y al menos seis futbolistas acusaron ardor de ojos.
Una fiscalía tomó intervención y labró un acta en la cual se incautó de cinco camisetas para analizar químicamente el producto. 

Boca quedó en el borde de una fuerte sanción por parte del tribunal de Disciplina de la Conmebol.

El árbitro Darío Herrera, que había dirigido bien su primer superclásico, demoró una hora y 12 minutos para suspender el partido cuando los propios médicos de la CONMEBOL, además de Pedro Hansing, de River, aseguraron que algunos futbolistas tiene “quemaduras” y “no pueden jugar”. “Es una vergüenza, abrieron la manga para esto. Esto es lamentable”, gritó el entrenador Marcelo Gallardo mientras Leonel Vangioni se tomaba el rostro, al igual que Sebastián Driussi.

Las quejas se extendieron luego a Ramiro Funes Mori, Leonardo Ponzio, Matías Kranevitter y Gonzalo “Pity” Martínez. La TV Pública tomó minutos después una imagen y la congeló en momentos en que un hincha, tapándose la boca y nariz, metía la mano por entre la manga, supuestamente para rociar la zona.
El operativo de seguridad, con 1.200 efectivos coordinados por Sergio Berni, mostró su grieta.

Un aerosol de gas pimienta es similar al de un desodorante, fácilmente palpable, cuando en un superclásico hay al menos tres cacheos. Ramiro Funes Mori mostró sus ojos irritados, pero el que peor la pasó fue Leonardo Ponzio.

“Hay que llevarlos al hospital”, se quejó Matías Patanian, vicepresidente segundo, que ingresó junto al titular “millonario”, Rodolfo D’Onofrio, a la cancha, lo cual molestó a Rodolfo Arruabarrena.

“Qué mierda hacen acá”, gritó Diego Markic, ayudante de campo del Vasco.

Pero en lugar de ir calmándose, puntualmente el caos de Ponzio, su cuadro parecía agravarse, no solo quejándose por no poder ver y sino por el ardor en su espalda.

Un médico de la CONMEBOL dijo que había jugadores con “quemaduras de primer grado”.

En medio del parate y los futbolistas tomándose los ojos o tirándose agua sobre las zonas irritadas, un dron, cuyo costo oscila los 12 mil pesos, hizo un vuelo cargando a River con un clásico fantasmita.

Casi a las once y cuarto de la noche, cuando debía haber terminado el partido, Herrera suspendió el partido luego que el boliviano Roger Bello confirmara que el superclásico se paraba.

Agustín Orión llamó a los futbolistas a prepararse para jugar, la manga violada volvió a inflarse, pero River demoraba su salida porque quería garantías, que no tuvieron una hora y cuarto antes.

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