Sociedad

El último adiós a Estela Morandi, la gran jefa de Catástrofe del SAME

Falleció el lunes pasado. Estuvo en los atentados a la embajada de Israel y la AMIA, el despiste del avión de LAPA y la Tragedia de Cromañón y la Tragedia de Once. Siempre dando batalla

sábado 18 de abril de 2015 - 3:03 am

Estela Morandi fue la jefa de Catástrofe del SAME. Allí trabajó 20 años y vivió en carne propia los atentados en la embajada de Israel y en la AMIA, en el despiste del avión de LAPA y las tragedias de Cromañón y Once. Siempre se arriesgo para salvar vidas. [pullquote position=”right”]El último adiós a Estela Morandi, la gran jefa de Catástrofe del SAME[/pullquote]

El día de la tragedia de Once, el 22 de febrero de 2012, Estela ayudó a rescatar a más de 700 personas. En ese escenario lloró, se secó las lágrimas y siguió trabajando. Lo hizo sin parar durante 12 horas, hasta que todo terminó.

Desde este lunes, en las redes sociales circula una foto de Estela de aquel día. Se la ve parada frente a un hombre acostado en una camilla. Estela tiene el pelo corto y ruge. Parece estar dando una orden, una de esas órdenes claras, inapelables, que la gente como ella sabe dar en momentos de vida o muerte. La imagen es la que sus colegas eligieron para homenajearla. El lunes murió de golpe, a los sesenta años. El martes fue su entierro y las sirenas de las ambulancias del SAME sonaron en su honor.

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“La despidieron como una heroína, como lo que ella era. Cortaron la calle Monasterio –sobre la que está la sede central del SAME, en Parque Patricios- y sonaron las sirenas diez minutos”, contó al portal Infojus Noticias su hija Paula, reportera gráfica. “Ella siempre dejó todo por lo que hizo, aunque no tuviera que hacerlo”, recordó.

Estela era médica toco-ginecóloga y legista, egresada de la Universidad de Buenos Aires. Fue la primera universitaria de su familia. Trabajó en hospitales públicos, en guardias y ambulancias, hasta que se inclinó por la emergentología y llegó al SAME.

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“Era la no claudicación. Nunca. Era una persona a la que la definía la entrega total para todo”, dijo al mismo portal Alberto Crescenti, director del SAME. “En un mundo donde todos miran cada vez más para otro lado cuando pasa algo, ella ayudaba sin mirar”, agregó.

Del choque del avión de LAPA en agosto de 1999 recordaba el olor a quemado. Y la tragedia de Cromagnon la conmovió especialmente. Las edades de sus hijos se acercaban a las de las 194 víctimas y eso la golpeó. Lloró sobre la avenida Rivadavia al ver la fila de cuerpos jóvenes. Cuando volvió, se sentó en los pies de la cama de sus hijos para verlos dormir. Paula, Matías y Sebastián eran su debilidad.

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A su esposo, Rafael, jefe de cardiología del hospital Ramos Mejía, lo conoció cuando él era uno de sus profesores en la residencia. Ella le apostó a una compañera que lo iba a conquistar. Perdió la apuesta, pero unos meses después empezaron a salir. Estuvieron 40 años juntos.

Su familia, sus tres perros, Levi, Aron, y Cristóbal, y cuidar el jardín la apasionaba. En su oficina tenía plantas, flores y una pecera. “Estamos tan rodeados de muerte y dolor que hay que compensar”, solía decir.

Fuente: Infojus

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