Barrabravas

Conocé a Alan Schlenker, el “chico bien” que mete miedo en la tribuna de River

Hijo de una familia acomodada, estudió en la facultad y vivía en Las Cañitas. Tiene una condena a prisión perpetua por el crimen de Gonzalo Acro. Y ayer fue condenado a 12 años de cárcel por el asesinato de un dealer

miércoles 8 de abril de 2015 - 7:22 am

Alan Schlenker no es el prototipo del barra brava común. Provenía de una familia acomodada, estudiaba en la facultad, tenía un buen pasar económico y vivía en Las Cañitas. Por eso sorprendió cuando asumió como líder de la hinchada de River, en 2002. Pero no lo hizo en soledad. Se refugió en su hermano William y en Adrián Rousseau. Hasta ese entonces, a Alan se lo conocía como un patovica que pasaba las tardes en un gimnasio de Cabildo y Monroe.

Los hermanos Schlenker y Rousseau tomaron la posta de Los Borrachos del Tablón, hasta entonces en manos de Luis Pereyra (“Luisito”) y Edgar Butassi (El Diariero), en medio de una escalada de violencia, en la que se impusieron sobre un sector de la barra que se agrupaba en el barrio de Constitución y que lideraba El Zapatero. Al principio, hubo convivencia ebntre ambos bandos. Pero luego se decidió todo a fuerza de golpes y traiciones. ¿Cuándo se transformaron en los jefes? Luego de una emboscada a los hinchas de Newell’s, en julio de 2002.

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A partir de entonces, Alan y los suyos manejaron todo y le hicieron creer a la gente que era pacifistas porque fajaban a los pungas que hacían de las suyas en la Popular. Pero, por otro lado, decidían todo mediante la violencia. Así, se hicieron fuertes y sembraron miedo en las instalaciones del club, amparados en el visto bueno del entonces presidente José María Aguilar, quien tuvo una política integradora para con los violentos.

Alan Schlenker viajó al Mundial de Alemania 2006. Se instaló en la casa de un futbolista que había pasado por River y se dedicó a la reventa de entradas. Cuando regresó, fue uno de los protagonistas de la Batalla de Paraguay, cuando la barra brava de River se cruzó con la policía de ese país, durante un duelo con Libertad, por la Copa Libertadores.

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Pero, con el tiempo, surgieron diferencias en la interna de la barra por las disputas económicas. El reparto ya no era parejo. Alan y Adrián querían el monopolio. Y esa interna explotó la noche del 11 de febrero de 2007, con la Batalla de los Quinchos, que se dio un rato antes del partido entre River y Lanús. Hubo tiros, cuchillos, palos y heridos. Fue el anuncio de una guerra. La Justicia, con el tiempo, “limpió” a los involucrados y ratificó el sobreseimiento de los hermanos Schlenker en la causa.

Sin embargo, esa interna sumó un capítulo fatal el 2 de agosto, cuando Gonzalo Acro, que respondía a Adrián Rosseau, salía del gimnasio y fue interceptado por cinco personas que bajaron de dos autos. El primer disparo le dio en el muslo. Acro cayó al piso y, entonces, lo balearon en la cabeza. Dos días después, murió en el Hospital Pirovano. Al tiempo, Alan fue condenado, junto a su hermano William, a prisión perpetua como “instigador calificado”.

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A la vez, Alan afrontó otra causa por homicidio en San Isidro, donde se lo acusa de haber matado a un dealer que le habría vendido drogas a su hermano William. Por esa causa, Alan había sido detenido en pleno juicio del asesinato de Acro, pero luego pudo obtener la excarcelación al pagar una fianza.

Ayer, en un fallo unánime, la Justicia lo encontró culpable y le aplicó 12 años de prisión. La foto que ilustra todos los diarios muestra a un Alan esposado y retirado por la Policía.

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