Salud

Ego grande, mala salud: tener siempre la razón no es tan bueno como parece

Querer tener siempre la razón y demostrar que somos mejores que los demás no sólo trae consecuencias a nivel interpersonal y social, sino a nuestra salud. Acá, cinco reglas a seguir para discutir sanamente

domingo 5 de abril de 2015 - 9:41 pm

Todos lo conocemos: no importa cuánto tiempo le lleve discutirlo, él siempre tiene que tener la razón, y es incapaz de aceptar otros puntos de vista. Defiende su razón como si le fuera la vida en ello, y se niega a admitir que puede haberse equivocado. Pero el ego es un compañero peligroso.

La actitud egocéntrica, esa que lleva a aparentar seguridad, autoconfianza y conocimiento, refleja justo lo contrario. Albert Ellis (1913-­2007), creador de la Terapia Racional Emotiva advertía: “Querer ser superior a los demás genera un comportamiento inseguro y acarrea estrés y enfermedades psicosomáticas”.

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Desde un punto de vista social, querer tener siempre la razón es un rasgo inútil, y en el ámbito más personal, defender a ultranza la propia opinión como si fuera irrebatible es otro motivo de conflicto, según el psiquiatra James Coyne, de la Escuela de Medicina de la Universidad de Pensilvania (EE. UU.). “Es una fuente de aislamiento que deteriora las relaciones personales y la convivencia con las personas que nos rodean”, opina.

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Esta actitud no solo es fuente de conflicto para con otros, sino que pone en riesgo nuestra propia salud: estudios realizados en la Universidad de Bradford (Reino Unido) descubrieron que el 62% de las personas que creía tener siempre la razón, sufría altos niveles de ira y estrés, lo que deprimía su sistema inmunológico.

Coyne añade que quienes se empeñan en salirse con la suya pueden padecer también úlceras y problemas del corazón. Este psiquiatra y varios colegas grabaron en vídeo discusiones protagonizadas por pacientes con problemas cardíacos y las agruparon de acuerdo con la negatividad de sus interacciones.

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Los pacientes más negativos con la otra persona implicada en la discusión tuvieron doble probabilidad de morir en los siguientes cuatro años que los que recibieron una calificación menos negativa. Coney advierte: “Conectarse armónicamente con los demás no solo evita problemas médicos, sino que ayuda en el proceso de recuperación de cualquier enfermedad”.

Para evitar correr más riesgo del necesario, te dejamos las cinco reglas de oro a la hora de discutir:

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1. Sea incondicionalmente constructivo, escuche al otro y póngase en su lugar.

2. Distánciese de su ego y de sus emociones negativas.

3. Nunca diga a su interlocutor que está equivocado.

4. No imponga a la fuerza su razón.

5. No se crea en posesión de la verdad. En una discusión lo mejor no es ganar, sino empatar. Busque la concesión negociada al estilo de Friedrich Nietzsche: “Tú tienes tu manera y yo tengo la mía. La manera perfecta de hacer las cosas no existe”.

Fuente: El país

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