Sociedad

Cuando el genio loco del ajedrez no quiso jugar y perdió todo

Hace 40 años, Bobby Fischer se negaba a defender su campeonato mundial de ajedrez y Anatoly Karpov era proclamado nuevo rey sin mover una pieza

sábado 4 de abril de 2015 - 9:31 am

La Guerra Fría fue un juego de ajedrez con el mundo como tablero. Y el ajedrez tuvo, en la década del 70, su propia Guerra Fría. Hace 40 años, el niño terrible Bobby Fischer, estadounidense y campeón mundial, debía defender su título contra un amenazante Anatoly Karpov, soviético y más joven. Pero el duelo nunca tuvo lugar: Fischer se negó a jugar. No sólo perdió el campeonato; también comenzó a deslizarse por un tobogán de demencia que lo alejó para siempre de las competencias. El 3 de abril de ese año, Karpov fue declarado campeón.

Uno de los más brillantes ajedrecistas de la historia, Bobby Fischer había conseguido el título mundial en 1972, tras derrotar al soviético Boris Spassky. Fue el primer campeón del mundo de EE.UU., tras años de dominio soviético. Ya era una celebridad y la victoria lo catapultó al estrellato absoluto. En plena Guerra Fría, muchos quisieron vender su triunfo como una prueba de superioridad intelectual estadounidense.

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Tras la última partida con Spassky, una victoria brillante con piezas negras y una variación de la defensa siciliana que nunca había usado, Fischer no volvió a jugar una competencia oficial. Se convirtió de a poco en una mezcla de producto de propaganda antisoviética y fenómeno circense que llegó a desfilar en TV junto al actor Bob Hope.

El 3 de abril, sin mover una pieza, el soviético Karpov fue declarado nuevo campeón mundial.

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El nuevo monarca manifestó: “No creo que Fischer estuviese en condiciones de defender su título. Han pasado tres años desde la anterior serie de partidas por el título, y en ese lapso, bastante largo, el ajedrez cambia y progresa”.

Fischer no sólo perdió el título en ese 1975. Al parecer, también cortó muchos de los lazos que unían su genial mente con la realidad. De hecho, desapareció abruptamente de la escena pública. Reapareció seis años después, cuando con aspecto de vagabundo fue detenido por la Policía en Pasadena, California, al ser confundido con un ladrón.

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Bobby-Fischer

Fischer peleó contra su propia locura y cada reaparición suya estuvo teñida por la polémica. En 1992 volvió a jugar una serie de partidas contra Spassky en la Yugoslavia desmembrada y en guerra, lo que le valió una orden de captura de Estados Unidos, que le retiró el pasaporte. Paria del mundo, se asentó en Filipinas, donde cada tanto era noticia por expresiones antisemitas y antinorteamericanas. Después de una detención en Japón, en 2004, Islandia se apiadó del genio loco y le ofreció la ciudadanía. En enero de 2008 murió, a los 64 años. Sus restos descansan en una tumba austera en el sur de ese país.

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