Mariano De Vedia

Milani habría hecho espionaje en forma ilegal

Más que un dato anecdótico, la identificación del jefe del Ejército, general César Milani, con el área de Inteligencia es un sello que viene de arrastre y sigue plenamente vigente. No sólo retiene en sus manos la dirección general de Inteligencia, que conduce desde 2007, cuando era coronel, sino que sigue ocupando el despacho del séptimo piso del edificio Libertador, reservado al jefe de esa especialidad militar, en lugar de instalarse en la oficina del jefe de la fuerza, en el séptimo piso de Paseo Colón 255. Sólo usa este escritorio para audiencias protocolares. En ese edificio tiene su asiento el ministro de Defensa, Agustín Rossi, que ocupa el despacho del piso 11, el mismo que habitaron Nilda Garré y Arturo Puricelli. Una cercanía propicia para consolidar el sueño de construir “una fuerza que acompañe el proyecto nacional”, como transmitió el nuevo jefe del Ejército ante la Presidenta. En las propias Fuerzas Armadas le atribuyen a Milani haber entregado a la entonces ministra Garré el listado de agentes civiles que trabajaban en el área de inteligencia militar durante la dictadura. Le imputan, también, otro signo de lealtad: el seguimiento de la actividad de dirigentes políticos que inquietaban a la Casa Rosada, como el gobernador Daniel Scioli. “Milani encomendó la misión de conocer con quiénes se reunía, dónde y a qué hora”, confió a la nacion una fuente castrense, aunque no pudo precisar si esa tarea se extendía a otros. Se trata de una acción prohibida por la ley 23.554, de defensa nacional, cuyo artículo 15 expresa: “Las cuestiones relativas a la política interna del país no podrán constituir en ningún caso hipótesis de trabajo de organismos de inteligencia militares”. Además de sacar a la luz secretos del jefe del Ejército, la denuncia del ex detenido político Ramón Olivera en La Rioja podría poner al descubierto el uso político de la inteligencia militar, en sintonía con las necesidades del kirchnerismo, lo que se consolidó luego de una disputa interna en la ex SIDE, que hoy no gozaría de la confianza presidencial. Así lo dejaron trascender fuentes castrenses, al recordar que el empleo de la inteligencia militar no es nuevo. Garré recurrió a esa área para designar secretario de Asuntos Militares a Germán Montenegro. Hijo de Rubén Montenegro, jefe de la Fuerza Aérea en tiempos de Menem, el entonces viceministro de Defensa era agente civil de inteligencia de la Aeronáutica. En la gestión de Puricelli dirigió la Escuela de Defensa Nacional y volvió a acompañar a Garré en Seguridad como director de la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA). EL LISTADO DEL BATALLÓN 601 Formado en el arma de Ingenieros y especializado en inteligencia, Milani se ganó el visto bueno de Garré cuando le entregó el listado de 3900 agentes civiles del Batallón 601 de Inteligencia, que el Ejército se negaba a hacer público. A esa lista se sumaban 345 militares, entre ellos el propio Milani, que nunca ocultó su pertenencia al organismo. En la fuerza recuerdan que Milani era subdirector general de Inteligencia y escaló al puesto de director en noviembre de 2007, cuando fue relevado el general Osvaldo Montero, acusado de espiar a la entonces ministra de Defensa. Su ascenso a general de división tuvo un paso controvertido por el Senado, en diciembre de 2010. El senador Gerardo Morales (UCR) denunció su responsabilidad en la desaparición del conscripto Alberto Ledo en el Operativo Independencia. Y recordó que luego del levantamiento carapintada en Villa Martelli, encabezado por Seineldín en 1988, Milani fue sancionado con ocho días de arresto por resistirse a integrar una formación destinada a reprimir a los insurrectos. Con la confianza de las autoridades civiles, Milani comandó un área favorecida con más recursos, en medio de una caída de los salarios de los militares. Inteligencia recibe $ 400 millones, con partidas sin control, admiten en la fuerza. Fuentes castrenses revelaron a la nacion que su cercanía al Gobierno le permitió a Milani ubicar a dos de sus hijos en la función pública. Su hijo varón, que también se llama César, fue contratado como analista técnico en el Ministerio de Defensa. Su hija María Julieta trabajó en Defensa durante la gestión de Garré (en el área de prensa), pero luego pasó al Ministerio de Seguridad. En fuentes castrenses evaluaban en los últimos días una paradoja del kirchnerismo. “El gobierno más hostil a las Fuerzas Armadas en los últimos 30 años tiene las estructuras de seguridad y de inteligencia en manos de militares: el teniente coronel Antonio Berni y general Milani”, reflexionó un uniformado, al analizar la conducción de dos áreas consideradas sensibles desde el retorno de la democracia.

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Más que un dato anecdótico, la identificación del jefe del Ejército, general César Milani, con el área de Inteligencia es un sello que viene de arrastre y sigue plenamente vigente. No sólo retiene en sus manos la dirección general de Inteligencia, que conduce desde 2007, cuando era coronel, sino que sigue ocupando el despacho del séptimo piso del edificio Libertador, reservado al jefe de esa especialidad militar, en lugar de instalarse en la oficina del jefe de la fuerza, en el séptimo piso de Paseo Colón 255. Sólo usa este escritorio para audiencias protocolares.

En ese edificio tiene su asiento el ministro de Defensa, Agustín Rossi, que ocupa el despacho del piso 11, el mismo que habitaron Nilda Garré y Arturo Puricelli. Una cercanía propicia para consolidar el sueño de construir “una fuerza que acompañe el proyecto nacional”, como transmitió el nuevo jefe del Ejército ante la Presidenta.

En las propias Fuerzas Armadas le atribuyen a Milani haber entregado a la entonces ministra Garré el listado de agentes civiles que trabajaban en el área de inteligencia militar durante la dictadura.

Le imputan, también, otro signo de lealtad: el seguimiento de la actividad de dirigentes políticos que inquietaban a la Casa Rosada, como el gobernador Daniel Scioli. “Milani encomendó la misión de conocer con quiénes se reunía, dónde y a qué hora”, confió a la nacion una fuente castrense, aunque no pudo precisar si esa tarea se extendía a otros. Se trata de una acción prohibida por la ley 23.554, de defensa nacional, cuyo artículo 15 expresa: “Las cuestiones relativas a la política interna del país no podrán constituir en ningún caso hipótesis de trabajo de organismos de inteligencia militares”.

Además de sacar a la luz secretos del jefe del Ejército, la denuncia del ex detenido político Ramón Olivera en La Rioja podría poner al descubierto el uso político de la inteligencia militar, en sintonía con las necesidades del kirchnerismo, lo que se consolidó luego de una disputa interna en la ex SIDE, que hoy no gozaría de la confianza presidencial.

Así lo dejaron trascender fuentes castrenses, al recordar que el empleo de la inteligencia militar no es nuevo. Garré recurrió a esa área para designar secretario de Asuntos Militares a Germán Montenegro. Hijo de Rubén Montenegro, jefe de la Fuerza Aérea en tiempos de Menem, el entonces viceministro de Defensa era agente civil de inteligencia de la Aeronáutica. En la gestión de Puricelli dirigió la Escuela de Defensa Nacional y volvió a acompañar a Garré en Seguridad como director de la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA).

EL LISTADO DEL BATALLÓN 601

Formado en el arma de Ingenieros y especializado en inteligencia, Milani se ganó el visto bueno de Garré cuando le entregó el listado de 3900 agentes civiles del Batallón 601 de Inteligencia, que el Ejército se negaba a hacer público. A esa lista se sumaban 345 militares, entre ellos el propio Milani, que nunca ocultó su pertenencia al organismo.

En la fuerza recuerdan que Milani era subdirector general de Inteligencia y escaló al puesto de director en noviembre de 2007, cuando fue relevado el general Osvaldo Montero, acusado de espiar a la entonces ministra de Defensa.

Su ascenso a general de división tuvo un paso controvertido por el Senado, en diciembre de 2010. El senador Gerardo Morales (UCR) denunció su responsabilidad en la desaparición del conscripto Alberto Ledo en el Operativo Independencia. Y recordó que luego del levantamiento carapintada en Villa Martelli, encabezado por Seineldín en 1988, Milani fue sancionado con ocho días de arresto por resistirse a integrar una formación destinada a reprimir a los insurrectos.

Con la confianza de las autoridades civiles, Milani comandó un área favorecida con más recursos, en medio de una caída de los salarios de los militares. Inteligencia recibe $ 400 millones, con partidas sin control, admiten en la fuerza.

Fuentes castrenses revelaron a la nacion que su cercanía al Gobierno le permitió a Milani ubicar a dos de sus hijos en la función pública. Su hijo varón, que también se llama César, fue contratado como analista técnico en el Ministerio de Defensa. Su hija María Julieta trabajó en Defensa durante la gestión de Garré (en el área de prensa), pero luego pasó al Ministerio de Seguridad.

En fuentes castrenses evaluaban en los últimos días una paradoja del kirchnerismo. “El gobierno más hostil a las Fuerzas Armadas en los últimos 30 años tiene las estructuras de seguridad y de inteligencia en manos de militares: el teniente coronel Antonio Berni y general Milani”, reflexionó un uniformado, al analizar la conducción de dos áreas consideradas sensibles desde el retorno de la democracia.

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