Carlos Reymundo Roberts

¡Hay que rescatar a Moreno de las garras enemigas!

abía decidido pasar por alto un desafortunado episodio de la semana pasada: la forma en que la periodista Silvia Naishat, de Clarín, molestó al secretario de Comercio Interior,vGuillermo Moreno, en la embajada norteamericana. Había decidido hacerme el tonto (ya sé: no me cuesta nada) por esa cosa corporativa de no caerle a una colega. Pero después de ver la vergonzosa sucesión de arteros golpes contra Moreno (algunos llegaron a hablar, incluso, de un nuevo capítulo de “La Bella y la Bestia”), decidí salir en su ayuda. Este “De no creer” extra, escrito el día en que lo vi enfrentando en Tribunales el doble yugo de la Justicia y de la prensa, tiene que ver con eso: con la necesidad de ir al rescate del funcionario al que le debemos que los precios no suban, el que limpió el Indec, el que nos enseñó a sospechar de todas las mediciones privadas de inflación. Sí, Moreno, el que nos hizo descubrir que el dólar no sirve para nada, el que nos llevó a odiar todo lo que sea importado, a preferir los perfumes y whiskies nacionales. A Silvia Naishtat la conozco desde hace muchos años. Detrás de esa dulce tonadita cordobesa y de su sonrisa suave se esconde una periodista que no duda en buscar información con las peores armas: las preguntas. Tiene la espantosa costumbre de andar preguntando. A empresarios, a funcionarios, a economistas. Y siempre preguntas incómodas, incisivas, sobre temas de actualidad. Ella quiere saberlo todo, y después, indiscreta, quiere publicarlo. ¡Quiere que la gente se entere! ¡Satanás! Era hora de que alguien la enfrentara. Era hora de que alguien la pusiera en su lugar. Lo que necesita Silvia Naishtat es hacer una pasantía en Página/12, en Tiempo Argentino, en la Televisión Pública. A ver si te ponés al día, Silvita. Enterate de que en estos tiempos a los funcionarios no se los molesta con preguntas: se los escucha. ¿Periodismo de investigación? Por favor: Horacio Verbitsky, el mejor periodista de investigación del país, hace 10 años que dejó el género. Es que no hay nada que investigar. ¿Qué pasa, Silvita? ¿Hace mucho que no vas a una conferencia de prensa? ¿No sabés que lo único que importa es la conferencia y no la prensa? Los funcionarios, como su nombre lo indica, son tipos que funcionan, que están todo el tiempo funcionando, y no hay que hacerles perder el tiempo. Además, si fueras una periodista bien informada sabrías que ellos prefieren no hablar, la Presidenta prefiere que no hablen, ellos prefieren que hable la Presidenta y la Presidenta prefiere hablar ella. Sintonía total. Si estuvieses bien informada, Silvita, sabrías que uno (o una, da igual) ante Moreno se inclina, se postra y pide perdón hasta de lo que no hizo. Ante Moreno siempre hay que poner la otra mejilla. Ante Moreno sólo cabe el sometimiento. Vos cubrís economía y negocios: deberías saber que lo que mantiene con vida a cientos, a miles de empresarios argentinos es la obediencia debida a Moreno. Guillermo, Guillermito, ¿cuántos años deberán pasar para que te terminen de conocer? Mirá que te has puesto guantes de boxeo, has violentado reuniones, te has metido por la fuerza en empresas, has retado a los gritos, te has hecho acompañar por matones, has insultado, maltratado, amenazado, ofendido, has hecho apología de la dimensión de tu virilidad… y todavía no te conocen. ¡Admiro tu paciencia! ¿Cuánto más tenés que demostrar? Si hacemos la anatomía del instante en que la Naishtat se acerca a Moreno en plena celebración en la embajada y le pregunta por el cierre, ese día, de cuatro supermercados, ¿qué vemos? De un lado, a una periodista atrevida e insidiosa; del otro, a un secretario de Estado sorprendido en su buena fe. De un lado, la irrespetuosidad de preguntar; del otro, el derecho de no responder, de empezar a gritar y armar un escándalo. De un lado, la periodista que se disculpa; del otro, la más que justificada frase: “Si sos de Clarín, tenés las manos manchadas de sangre”. En la anatomía de ese instante vemos dos concepciones que se enfrentan. La Naishtat representa el poder económico, la máquina de impedir, el golpismo; Moreno, la democracia, la justicia y los derechos humanos; ella, la Corpo; él, lo nacional y popular; ella es lo peor del periodismo; él es el mejor alumno de Cristina. De paso, que aprenda también la embajada norteamericana, tan dispendiosa a la hora de invitar: en este país y en este tiempo no hay lugar para todos.

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abía decidido pasar por alto un desafortunado episodio de la semana pasada: la forma en que la periodista Silvia Naishat, de Clarín, molestó al secretario de Comercio Interior,vGuillermo Moreno, en la embajada norteamericana. Había decidido hacerme el tonto (ya sé: no me cuesta nada) por esa cosa corporativa de no caerle a una colega. Pero después de ver la vergonzosa sucesión de arteros golpes contra Moreno (algunos llegaron a hablar, incluso, de un nuevo capítulo de “La Bella y la Bestia”), decidí salir en su ayuda.

Este “De no creer” extra, escrito el día en que lo vi enfrentando en Tribunales el doble yugo de la Justicia y de la prensa, tiene que ver con eso: con la necesidad de ir al rescate del funcionario al que le debemos que los precios no suban, el que limpió el Indec, el que nos enseñó a sospechar de todas las mediciones privadas de inflación. Sí, Moreno, el que nos hizo descubrir que el dólar no sirve para nada, el que nos llevó a odiar todo lo que sea importado, a preferir los perfumes y whiskies nacionales.

A Silvia Naishtat la conozco desde hace muchos años. Detrás de esa dulce tonadita cordobesa y de su sonrisa suave se esconde una periodista que no duda en buscar información con las peores armas: las preguntas. Tiene la espantosa costumbre de andar preguntando. A empresarios, a funcionarios, a economistas. Y siempre preguntas incómodas, incisivas, sobre temas de actualidad. Ella quiere saberlo todo, y después, indiscreta, quiere publicarlo. ¡Quiere que la gente se entere! ¡Satanás! Era hora de que alguien la enfrentara. Era hora de que alguien la pusiera en su lugar.

Lo que necesita Silvia Naishtat es hacer una pasantía en Página/12, en Tiempo Argentino, en la Televisión Pública. A ver si te ponés al día, Silvita. Enterate de que en estos tiempos a los funcionarios no se los molesta con preguntas: se los escucha. ¿Periodismo de investigación? Por favor: Horacio Verbitsky, el mejor periodista de investigación del país, hace 10 años que dejó el género. Es que no hay nada que investigar.

¿Qué pasa, Silvita? ¿Hace mucho que no vas a una conferencia de prensa? ¿No sabés que lo único que importa es la conferencia y no la prensa? Los funcionarios, como su nombre lo indica, son tipos que funcionan, que están todo el tiempo funcionando, y no hay que hacerles perder el tiempo. Además, si fueras una periodista bien informada sabrías que ellos prefieren no hablar, la Presidenta prefiere que no hablen, ellos prefieren que hable la Presidenta y la Presidenta prefiere hablar ella. Sintonía total.

Si estuvieses bien informada, Silvita, sabrías que uno (o una, da igual) ante Moreno se inclina, se postra y pide perdón hasta de lo que no hizo. Ante Moreno siempre hay que poner la otra mejilla. Ante Moreno sólo cabe el sometimiento. Vos cubrís economía y negocios: deberías saber que lo que mantiene con vida a cientos, a miles de empresarios argentinos es la obediencia debida a Moreno.

Guillermo, Guillermito, ¿cuántos años deberán pasar para que te terminen de conocer? Mirá que te has puesto guantes de boxeo, has violentado reuniones, te has metido por la fuerza en empresas, has retado a los gritos, te has hecho acompañar por matones, has insultado, maltratado, amenazado, ofendido, has hecho apología de la dimensión de tu virilidad… y todavía no te conocen. ¡Admiro tu paciencia! ¿Cuánto más tenés que demostrar?

Si hacemos la anatomía del instante en que la Naishtat se acerca a Moreno en plena celebración en la embajada y le pregunta por el cierre, ese día, de cuatro supermercados, ¿qué vemos? De un lado, a una periodista atrevida e insidiosa; del otro, a un secretario de Estado sorprendido en su buena fe. De un lado, la irrespetuosidad de preguntar; del otro, el derecho de no responder, de empezar a gritar y armar un escándalo. De un lado, la periodista que se disculpa; del otro, la más que justificada frase: “Si sos de Clarín, tenés las manos manchadas de sangre”.

En la anatomía de ese instante vemos dos concepciones que se enfrentan. La Naishtat representa el poder económico, la máquina de impedir, el golpismo; Moreno, la democracia, la justicia y los derechos humanos; ella, la Corpo; él, lo nacional y popular; ella es lo peor del periodismo; él es el mejor alumno de Cristina.

De paso, que aprenda también la embajada norteamericana, tan dispendiosa a la hora de invitar: en este país y en este tiempo no hay lugar para todos.

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