Carlos Reymundo Roberts

Con Insaurralde, hasta Scioli nos toma el pelo

Está difícil. Las encuestas publicadas el domingo, sobre todo la de Poliarquía, nos cayeron como una bomba: ¡Massa le lleva 11 puntos a Insaurralde! ¿Cómo se levanta eso? ¿Cómo hacemos crecer en tan poco tiempo a un candidato que la gente no conoce? Parece que cuando los que hacías el trabajo de campo para el sondeo mencionaban a Insaurralde, las respuesta eran desopilantes. Algunos pedían unos segundos para googlearlo ; otros creían que era el apellido del encuestador y respondían: “López, mucho gusto”, y no faltaban los que se lo tomaban en broma y remixaban el viejo estribillo futbolero: “In-sau-rralde, la cosa está que arde”. Y es cierto: la cosa está que arde. Para peor, después Massa tuvo su lanzamiento, dijo cuatro pavadas y se ganó la tapa de los diarios. No de nuestros diarios, los de la cadena oficial, sino los que la gente lee. Pero bueno, como dije, algo hay que hacer. Los que estamos más cerca de la señora nos pusimos a laburar para arrimar ideas. Creo que salieron cosas piolas. Se las cuento. El primer tema es hacerlo conocer a Martín. No alcanza con llevarlo a todos lados. Cuando las cámaras lo enfocan, siempre sonriente, la gente piensa que llegó la tanda y es el aviso de un dentífrico. Por eso proponemos que, los primeros meses, lleve colgado sobre el pecho un cartel que diga: “Soy Insaurralde”. Allí sí será crucial el juego de las cámaras: cara-pecho, pecho-cara. Sus discursos en los actos deberían ir por ese lado. Por ejemplo: “Compañeros y compañeras, yo, Martín Insaurralde, 43 años, intendente de Lomas de Zamora, tengo algo para decirles: soy Insaurralde, pero pueden llamarme Martín, o Insaurralde, o Martín Insaurralde, como prefieran”. Además, es importante que empiece a hacer valer los activos de la gestión kirchnerista, pero con un mensaje sincero, que llegue a la gente. Que diga: “Nadie ha hecho tanto como nosotros para combatir la inflación. Intervinimos el Indec, desabastecimos, conseguimos tener carne barata exportando menos carne que Paraguay, sobre 10.000 productos de las góndolas congelamos 500, cerramos cuatro horas cuatro supermercados, les dijimos a los fabricantes que para no aumentar cobraran lo mismo pero achicaran los productos, y mandamos hordas de militantes a controlar los precios. Hoy tenemos una de las inflaciones más altas del mundo, pero nadie podrá decir que no lo intentamos”. Le dijimos también que, siempre en ese tono de franqueza, hable de la democratización de la Justicia, presentándola como un desafío para las generaciones venideras; de la ley de medios, que por ahora es una ley a medias; de la argentinización de YPF, que logramos sacársela a los españoles de Repsol para entregarla, si Dios quiere, a los yanquis de Chevron; de que logramos revertir el destino trágico de los trenes: antes chocaban yendo hacia Once, y ahora, hacia Moreno; de la camporización de Aerolíneas Argentinas, que como está perdiendo 11 millones de pesos por día, el miércoles hicimos caer el sistema y no salió ningún avión, una forma creativa de reducir el déficit. Lo animamos a Martín a imitar a nuestros referentes. “El ideal -le dijimos- sería que tuvieras la templanza de Moreno, la honestidad de Boudou, el vuelo intelectual de Aníbal Fernández, la solidez técnica de Lorenzino, el marxismo de Kicillof, el capitalismo de Lázaro Báez, la contracción al trabajo de Máximo, la agenda internacional de Florencia, el inglés de la señora.” Un punto complicado es el papel de Scioli en la campaña. A ver. La orden de Cristina fue: “Aunque lo detestemos, aunque siga siendo nuestro enemigo, tiene votos y ahora está trabajando para nosotros. Hay que darle micrófono”. Ok. Todo bien. Pero cuando lo dejamos hablar este miércoles en la Casa Rosada y dijo que “con este modelo se está o no se está; no se puede estar a medias”, parecía una jodita de Lanata, ¿no? Dicen que cuando Daniel volvía en auto a La Plata, esa tarde, no podía parar de reírse. Y la gente que lo escuchó, tampoco. Me pregunto cuánto suma un Scioli así, tomándonos el pelo. Por eso, propusimos que la próxima vez diga: “A este modelo se lo apoya en serio, como Insaurralde, y no a medias, como Massa o como yo”. Otro tema es de qué forma jugar nuestra carta fuerte: la señora. No pudimos resolverlo. Porque ella es la solución, pero también -con perdón- a veces es un problema. Cuando va a actos con Martín, él queda en un irremediable segundo plano. Cristina, imán de multitudes, acapara cámaras, micrófonos, la atención de la gente. Es lógico: estando ella, ¿a quién otro vas a mirar? ¿Saben por qué cae tanto el rating en TV cuando habla por cadena? Porque los que hacen las mediciones se sientan a escucharla. Desde lo estratégico, nuestra opinión es que, por debajo de la mesa, tenemos que alentar las candidaturas que le pueden sacar votos a Massa. En primer lugar, la del Colorado De Narváez, que además hizo su lista de la mano de Scioli. Por supuesto, se nos presentó el dilema ético de si corresponde que para salvar el proyecto nacional y popular recurramos a tipos como el Colorado o como Daniel, que están en las antípodas. En eso estábamos cuando nos pareció oír la voz de Néstor que nos decía: “Muchachos, adelante, no se torturen. El nuestro es un modelo testimonial”.

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Está difícil. Las encuestas publicadas el domingo, sobre todo la de Poliarquía, nos cayeron como una bomba: ¡Massa le lleva 11 puntos a Insaurralde! ¿Cómo se levanta eso? ¿Cómo hacemos crecer en tan poco tiempo a un candidato que la gente no conoce? Parece que cuando los que hacías el trabajo de campo para el sondeo mencionaban a Insaurralde, las respuesta eran desopilantes. Algunos pedían unos segundos para googlearlo ; otros creían que era el apellido del encuestador y respondían: “López, mucho gusto”, y no faltaban los que se lo tomaban en broma y remixaban el viejo estribillo futbolero: “In-sau-rralde, la cosa está que arde”.

Y es cierto: la cosa está que arde. Para peor, después Massa tuvo su lanzamiento, dijo cuatro pavadas y se ganó la tapa de los diarios. No de nuestros diarios, los de la cadena oficial, sino los que la gente lee. Pero bueno, como dije, algo hay que hacer. Los que estamos más cerca de la señora nos pusimos a laburar para arrimar ideas. Creo que salieron cosas piolas. Se las cuento.

El primer tema es hacerlo conocer a Martín. No alcanza con llevarlo a todos lados. Cuando las cámaras lo enfocan, siempre sonriente, la gente piensa que llegó la tanda y es el aviso de un dentífrico. Por eso proponemos que, los primeros meses, lleve colgado sobre el pecho un cartel que diga: “Soy Insaurralde”. Allí sí será crucial el juego de las cámaras: cara-pecho, pecho-cara.

Sus discursos en los actos deberían ir por ese lado. Por ejemplo: “Compañeros y compañeras, yo, Martín Insaurralde, 43 años, intendente de Lomas de Zamora, tengo algo para decirles: soy Insaurralde, pero pueden llamarme Martín, o Insaurralde, o Martín Insaurralde, como prefieran”.

Además, es importante que empiece a hacer valer los activos de la gestión kirchnerista, pero con un mensaje sincero, que llegue a la gente. Que diga: “Nadie ha hecho tanto como nosotros para combatir la inflación. Intervinimos el Indec, desabastecimos, conseguimos tener carne barata exportando menos carne que Paraguay, sobre 10.000 productos de las góndolas congelamos 500, cerramos cuatro horas cuatro supermercados, les dijimos a los fabricantes que para no aumentar cobraran lo mismo pero achicaran los productos, y mandamos hordas de militantes a controlar los precios. Hoy tenemos una de las inflaciones más altas del mundo, pero nadie podrá decir que no lo intentamos”.

Le dijimos también que, siempre en ese tono de franqueza, hable de la democratización de la Justicia, presentándola como un desafío para las generaciones venideras; de la ley de medios, que por ahora es una ley a medias; de la argentinización de YPF, que logramos sacársela a los españoles de Repsol para entregarla, si Dios quiere, a los yanquis de Chevron; de que logramos revertir el destino trágico de los trenes: antes chocaban yendo hacia Once, y ahora, hacia Moreno; de la camporización de Aerolíneas Argentinas, que como está perdiendo 11 millones de pesos por día, el miércoles hicimos caer el sistema y no salió ningún avión, una forma creativa de reducir el déficit.

Lo animamos a Martín a imitar a nuestros referentes. “El ideal -le dijimos- sería que tuvieras la templanza de Moreno, la honestidad de Boudou, el vuelo intelectual de Aníbal Fernández, la solidez técnica de Lorenzino, el marxismo de Kicillof, el capitalismo de Lázaro Báez, la contracción al trabajo de Máximo, la agenda internacional de Florencia, el inglés de la señora.”

Un punto complicado es el papel de Scioli en la campaña. A ver. La orden de Cristina fue: “Aunque lo detestemos, aunque siga siendo nuestro enemigo, tiene votos y ahora está trabajando para nosotros. Hay que darle micrófono”. Ok. Todo bien. Pero cuando lo dejamos hablar este miércoles en la Casa Rosada y dijo que “con este modelo se está o no se está; no se puede estar a medias”, parecía una jodita de Lanata, ¿no? Dicen que cuando Daniel volvía en auto a La Plata, esa tarde, no podía parar de reírse. Y la gente que lo escuchó, tampoco. Me pregunto cuánto suma un Scioli así, tomándonos el pelo. Por eso, propusimos que la próxima vez diga: “A este modelo se lo apoya en serio, como Insaurralde, y no a medias, como Massa o como yo”.

Otro tema es de qué forma jugar nuestra carta fuerte: la señora. No pudimos resolverlo. Porque ella es la solución, pero también -con perdón- a veces es un problema. Cuando va a actos con Martín, él queda en un irremediable segundo plano. Cristina, imán de multitudes, acapara cámaras, micrófonos, la atención de la gente. Es lógico: estando ella, ¿a quién otro vas a mirar? ¿Saben por qué cae tanto el rating en TV cuando habla por cadena? Porque los que hacen las mediciones se sientan a escucharla.

Desde lo estratégico, nuestra opinión es que, por debajo de la mesa, tenemos que alentar las candidaturas que le pueden sacar votos a Massa. En primer lugar, la del Colorado De Narváez, que además hizo su lista de la mano de Scioli. Por supuesto, se nos presentó el dilema ético de si corresponde que para salvar el proyecto nacional y popular recurramos a tipos como el Colorado o como Daniel, que están en las antípodas. En eso estábamos cuando nos pareció oír la voz de Néstor que nos decía: “Muchachos, adelante, no se torturen. El nuestro es un modelo testimonial”.

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